Una temporada en las olas y montañas del Perú

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El viaje inició el 29 de junio del 2018, cuando tomamos un vuelo hacia el Perú con unas maletas oversized, llenas de equipo para hacer kitesurf, con un objetivo; cruzar los andes, llegar al valle sagrado y regresar a la costa para ir a correr las famosas olas y vientos peruanos.

Bien me habían comentado acerca de las olas e historia del surf en el Perù, bien habían comentado acerca de lo maravillosa que es su comida y de sus excelentes rutas para caminar por los andes, sus famosos inca trails. Lo que no comentaron fue acerca de la amabilidad y calma con la que la gente vive ahì.

Llegando a la ciudad capital, Lima me encuentro con una ciudad muy similar a la ciudad de México, llena de contrastes sociodemogràficos, pero me atrevo a decir que aún más rural.

El clima húmedo y nublado, de color grisáceo ya que dicha ciudad se encuentra a orillas del mar pacífico y vive con una constante bruma causada por la brisa marina, ademas que nuestro verano es su invierno.

Con tres barrios principales (Miraflores, San Isidro y el Barranco), la ciudad se defiende en temas de turismo. Me sorprendió el nivel de limpieza en las calles de dichos barrios. En todo Miraflores no vi una sola colilla de cigarro en el suelo.

Todo cambia cuando llegas a comer en alguno de los varios restaurantes de autor que la ciudad ofrece. Segùn esto, Lima tiene 3 de los 10 mejores restaurantes del mundo y ha ganado varios concursos gastronómicos a nivel mundial y vaya que puedo confirmar que su sazón es exquisito, en específico con la comida marina. Un filete de marlin con sus complementos lo encuentras hasta por 5 dls.

Iniciamos road trip con destino al Valle Sagrado, dentro de Los Andes. Primero bajamos de Lima por la costa hasta el pueblo de Paracas, en donde dejamos el equipo de kitesurf resguardado con nuestros amigos de Peru Kite. Este spot para kiteboard, presenta escenarios naturales alucinantes, con sus enormes dunas desérticas sobresaliendo en el horizonte y rasgando al cielo azul. La laguna de agua salada presenta excelentes condiciones para aprender y practicar este deporte, ya que el agua es bastante flat y tiene una standing area suficiente para enseñar y aprender con mayor seguridad y facilidad.

A un lado de Paracas y en colindancia con este kite spot, se encuentra la reserva natural de paracas. Majestuoso, intacto escenario ofreciendo varios spots para realizar Kitesurf con y sin olitas.

foto: perukite

Después de esta parada técnica, continuamos hacia Huacachina. Un oasis en medio del desierto a un lado de la ciudad de Huacachina, creado principalmente para el turismo, en donde subimos hasta la punta de la duna principal para poder observar el majestuoso desierto color arena.

En la cima de las dunas, contemplando el desierto y sus delicados trazos creados por los filos de las dunas, los cuales en contraste con el azul del cielo generan un efecto visual alucinante, que te da la sensación de desvanecimiento, ya que con el viento soplando, levanta y lleva la arena de las dunas, lo cual desde una posición alejada crea un efecto de movimiento estático.

Sensación de inmensidad y silencio profundo se deja sentir en la cima de las dunas.

Hacemos escala en los viñedos de Tacama, nombre en honor al gran desierto que une al Perù con Chile. Tierra donde se produce su bebida nacional, el Pisco y excelente uva para elaborar sus vinos. Degustamos el delicioso vino tinto peruano, contemplando y venerando la puesta de sol justo frente a nosotros. Recreando esos momentos de tertulia delicatessen acompañados del aire de campo, la vista al viñedo y al atardecer y esa delicada compañía, con la cual solo queda apreciar y fundirnos en dicho momento.

A la mañana siguiente de la tertulia vinícola, iniciamos ascenso a los Andes con destino al Valle Sagrado. La carretera con más curvas cerradas que he manejado, distancias pequeñas en kms generaban horas interminables de manejo. La salvación de dicha ruta son sus escenarios llenos de majestuosas montañas, picos nevados y horizontes pintados con una calmada armonía y belleza.

Hacemos escala en un pequeño poblado a la mitad de la ruta entre Paracas y El Valle Sagrado de Cusco, en donde nos recomiendan hospedarnos en un balneario de aguas termales medicinales llamado Cconoc. Desde las aguas càlidas se pueden apreciar sus picos nevados.

Recargados de energía, continuamos carretera sinuosa hasta llegar al Valle sagrado, después de 3 días completos de manejo entre los andes. Decidimos no dormir en Cusco, ya que su tamaño, tráfico y congestión humana nos abrumó desde la entrada. Por lo que continuamos camino hasta encontrar un pequeño, hermoso y auténtico poblado llamado Ollantaytambo, situado en un pequeño valle, rodeado de montañas y ruinas incas que se construyeron desde las faldas de las montañas hacia arriba. Construido sobre piedra, adobe y barro. Con canales de agua pura descendiente de las montañas, bajando por una canaleta pequeña en los dos extremos del pueblo. Regalando el sonido del agua corriendo todo el día y noche. Sonido, frecuencia que genera ese estado zen.

En este especial poblado, decidimos descansar un poco de las curvas y pasar unos días rodeados del sonido del agua, subir a las ruinas incas, sentarnos en ellas y contemplar en silencio el valle de un pueblo que ha trabajado por mantenerse original ya que su historia prevalece en sus ruinas.

Después de unos dias, continuamos ruta por el valle sagrado con dirección a Aguas Calientes, poblado donde se encuentran las ruinas de Machupicchu.

Decidimos llegar en auto hasta la terminal de ferrocarril Hidroeléctrica y emprender ascenso a pie por la vìa del tren, hasta subir a aguas calientes. Dos horas y media nos toma caminar por la vía del tren, junto con varios otros visitantes.

Al llegar a aguas calientes encontramos un poblado incrustado en las montañas, sin acceso carretero, únicamente férreo. Poblado dividido por el rio Vilcanota, el cual después se convierte en el rio Urubamba uno de los principales ríos del Perù y alimentador de la cuenca del amazonas. El poblado vive ahora del turismo y aún se siente su energía tranquila y amable como en los otros pueblos visitados; con infinidad de hospedajes y restaurantes, la vista rodeada de montañas, el cauce del rio y su tren, sin acceso carretero; te hace sentir en un lugar distinto; un lugar protegido, que es parte de la montaña, es decir que pertenece a la montaña sagrada del Machupicchu.

Para subir a la antigua ciudad de Machupicchu, se requiere normalmente comprar el boleto de acceso con anticipación ya que tiene un cupo a 5,940 visitantes por día, divididos en dos grupos, el matutino que inicia acceso a las 7 am con la salida del sol y el vespertino que inicia acceso a las 12 pm para contemplar el inicio del atardecer.

Es interesante observar en la administración de este lugar ancestral y sagrado, la colocación de cupos de visitantes por día ya que esta medida ayuda a que el lugar se logre conservar a lo largo de los años.

Uno de nuestros principales problemas que presentamos como humanidad hoy en día es el no saber conservar el espacio en el que vivimos, explotando en pro del desarrollo los recursos naturales, culturales, autóctonos. Tenemos aún la idea e inercia de la revolución industrial, la cual nos lleva a fijarnos únicamente en el desarrollo, la expansión, el crecimiento. Sin tomar en cuenta las limitantes y condiciones que los recursos naturales que utilizamos para dicho desarrollo, conllevan

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Habiendo llegado al destino final, iniciamos regreso, cruce y descenso de los andes hacia la costa, encontrándonos en el camino con gratas sorpresas. Nieve andina y sus bellas alpacas, así como un atardecer inmejorable justo al salir de las montañas bajando de nuevo al desierto.

Después de dos semanas de road trip, parando en donde se nos antojaba para subir alguna cima y contemplar el espacio majestuoso que dicha zona andina entrega, nos dirigimos hacia lo nuestro… El mar y el viento!

Entregamos el auto rentado en Lima y tomamos el avión hacia la costa pacifico norte con destino a Mancora Perù. Pueblo costero con clima más cálido, colindante con ecuador, conocido por sus buenas olas y comida.

Después del vuelo al aeropuerto de Talara, tomamos un bus de 3 hrs aproximadamente para llegar porfin a Mancora, cargados hasta las muelas con el equipo de kitesurf que llevamos en dos maletas oversized y con pesos de 32 kgs cada una.

Lo que es cierto, es que no es fácil y cómodo el transporte dentro del Peru, dada su geografía y relieves, así como la básica infraestructura carretera. Su carretera principal, que cruza todo el país, la famosa carretera panamericana, es de dos carriles únicamente, uno de ida y otro de regreso.

En Mancora, iniciamos labores como instructores de Kitesurf, para la escuela Wild Kite Peru. El objetivo de terminar en este punto de la tierra era el de entrenarnos lo mayor posible en las olas y el viento. Lo cual sincronizó perfecto con la escuela, ya que al poco tiempo de arribar, el guía de olas Mark estaba por salir, lo cual nos dió la oportunidad de convertirnos en los nuevos guías de olas, llevando a riders de todo el mundo experimentados y beginners, a los distintos point breaks que la zona ofrece. Transcurriendo un periodo de 3 meses, nos sumergimos en la practica y trabajo. Guiando a varios tipos de grupos y riders nos divertimos y aprendimos bastante, asegurando todos vayamos y regresemos sanos y salvos.

Un par de ocasiones a las 8 am coincidí con la clase de surf de la escuela Waldorf de Máncora.

Dos veces por semana tenían clase de surf, los niños. Calculo que sus edades variaban entre 8 a 13 años.

Una de esas ocasiones, estaba observando a la manada de mini focas humanas divertirse y surfear o intentarlo con sus respectivos maestros alrededor.

Me llamó la atención que cada que se dejaba ver un set venir a lo lejos; un niño de unos 10-12 años, con el cabello rizado oscuro y las puntas blanquecidas por el agua de mar y sol, de piel bien morenita; gritaba: “suavee, suaaaveee!!”, para alertar a sus compañeros y compañeritas mirruñas, algunas mas chapoteando que surfeando, que venían olas. Observé que cuando el chamaco surfero decía en voz alta, pero sin gritar las palabras suave, suaavee, la manada de mini focas se preparaban colocándose en posición sobre la tabla sin mostrar mucha señal de estrés o apuro. Relajados y disfrutando a todos note, sonrisas y risas se veían por doquier y también observé a varios chamacos aguerridos con la mirada puesta en el horizonte en espera de su ola.

En una costa donde los colores a la vista son desierto, mar, plataformas petroleras y de gas, tuberías oxidadas y todo en sí oxidado, te hace sentir en el territorio olvidado de mad max.

Sin embargo, cuando las mareas (swells) llegan, todo se reduce a una vista: tu kite, la tabla y la ola que viene detrás de ti.

Son tres los principales breaks a los que llevamos a los wave riders a sesionar, ademas del mismo pon break en Máncora, en donde la única manera de correr olas con un kite, es cuando el viento sopla tan fuerte que no hay surfers en el spot, ya que de otra manera es apropiado por los surfers quienes tienden a ser bastante territoriales.

1. Cabo blanquillo. Pequeñisimo poblado que parece abandonado, famoso porque en los 50´s existió un hotel boutique para el jet set que acudía con el objetivo de pescar el enorme Marlin negro, recibiendo a personalidades como Ernest Hemingway y Marilyn Monroe. Es el kitesurf break más cerca de Mancora, a 45 min de viaje por terracerias entre dunas y estaciones de gas y petróleo. Presenta una sección principalmente con una izquierda bien armada cuando los swells llegan con olas de hasta 3-4 mts.

2. Lobitos: Pueblo también de pinta fantasmal, ya que no hay otra cosa que hacer más que surf y disfrutar deliciosa y económica comida marina en la fonda de don Tranqui. Famoso por su point break al cual acuden surfers de todo el mundo. A medio dia el viento sopla side- off shore y el break para kitesurfear, llamado baterias está justo detrás del break principal, entregando otra izquierda grande, voluptuosa y bien ordenada cuando hay swell. Rodeado de rocas y plataformas petroleras entregando dos secciones principales. Aquí tuve el regalo después de toda la temporada de trabajo y entrenamiento de entubarme por un pequeño momento.

3. Tres cruces. Un spot en medio de la nada, con una costa larguísima y solo dunas, mar y plataformas petroleras a la vista. Al que más disfrutaba ir por su escenario virgen. Este break presenta cuando está encendido es un deleite también, entregando tres secciones distintas con viento side on shore y sin grandes rocas temibles, solo arena y fuertes corrientes cerca de la costa.

Al finalizar la temporada de trabajo, cerré con una ultima sesión en las olas y vientos peruanos en el spot que entrega la izquierda más larga del mundo. Me emocioné tanto al llegar al spot, después de transitar toda la noche en un autobús la carretera panamericana de regreso al sur y ver que había buen viento y kiters corriendo esas perfectas olas, tan largas que te cansas de correr la misma ola.. Pacasmayo!

Para aquellos kiters exploradores de spots con viento y olas, les dejo este link con la lista de los top 20 kite wave spots en el mundo, realizada por mi amigo Axel fundador de Wild Kite Club.

Después del tiempo trabajado y entrenado en la costa norte del Perú, en sus olas y su viento, con su exquisita y accesible comida para después de esas sesiones desgastantes del cuerpo pero nutridoras del corazón y espíritu, cerramos dicha aventura con la satisfacción de haber realizado lo que deseábamos y necesitábamos para el momento presente de nuestro camino evolutivo por esta vida humana. En total agradecimiento al mar, al viento, al clima templado del Perú. A su hermosa y calmada gente, la cual se distingue por ese indigenísmo marcado en su adn, en su físico y en su espíritu.

El adn indígena muestra con abundancia la característica principal de su gente, su cultura, su expresión: la Humildad y Calma, de quienes es vital aprender.

Puro Amor al Peru.

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